No escribir una elegía.
No creo en la justicia de las palabras, y ni siquiera sé si creo en la justicia.
Quiero escribir y contar cómo fue tu vida. Que fue cortita, que estuvo llena de dolor.
Que fuiste un ángel y llenaste de amor las vidas de los que te conocieron.
Que nunca van a alcanzar las fotos, las anécdotas, los sueños.
Que tenías los labios más rojos, los ojos más verdes, más celestes, más grises.
Que tenías ojos de nácar.
Tu nariz era un pompón, un capullo como un algodoncito y tu sonrisa era más inocente que cualquiera de las otras sonrisas. Tu sonrisa era blanca, suave y chiquitita.
Pero estabas tan cansada...
No puedo llenar con palabras la enormidad de tu existencia. No puedo destejer tu belleza y hacerla letras, para que te lean los que no pudieron ver a tiempo la infinita luz en la que nos bañabas.
Necesitabas, ya, ir a descansar.
No sé cómo terminar algo que no quiero que termine. Es demasiada responsabilidad, como si con mi punto final fuese a dejarte, finalmente, ir. Como si con mis últimas palabras pudiese darte paz.
O encontrarla para mí.
martes, 8 de abril de 2014
sábado, 5 de abril de 2014
Una historia importante.
martes, 1 de abril de 2014
Girar el universo
En algún lugar leí una vez que cuando ocurren los grandes cambios en la vida, los saltos cuánticos, los giros decisivos, no suenan trompetas ni tañen campanas. Los momentos más importantes de una vida no hacen brillar en el cielo fuegos artificiales; no coinciden con estrellas fugaces. Ocurren en silencio y a veces, en la oscuridad.
El agua llegó sin previo aviso, sigilosamente, durante la noche. El ruido me despertó después de un rato, pero para entonces mi mundo había cambiado por completo. Mis pequeños tesoros ya no estaban; páginas empapadas y enmohecidas, el retrato de quien en algún momento fui. La despedida fue corta y no dio tiempo a la tristeza. El agua se llevó el testimonio tangible de mi pasado.
La gente que nos conmueve, que cambia el rumbo de nuestros pasos, tampoco anuncia su llegada. Sonríe apaciblemente una mañana o nos saluda distraída mientras hojea una revista. A veces cruza la puerta del café y nota, antes que nosotros, que algo mágico acaba de ocurrir.
Mi historia es una de ésas, que empieza con el agua y termina con puertas que se abren. O termina con el agua y después empieza, por segunda vez, con alguien que pasa por delante mío y me mira. Yo soy el silencio de las campanas; no reconozco la magia cuando ocurre. Pero - y esto es lo maravilloso - nunca importa si yo lo advierto a tiempo, o quizás nunca: el universo giró, y mi mundo nunca vuelve a ser el mismo.
El agua llegó sin previo aviso, sigilosamente, durante la noche. El ruido me despertó después de un rato, pero para entonces mi mundo había cambiado por completo. Mis pequeños tesoros ya no estaban; páginas empapadas y enmohecidas, el retrato de quien en algún momento fui. La despedida fue corta y no dio tiempo a la tristeza. El agua se llevó el testimonio tangible de mi pasado.
La gente que nos conmueve, que cambia el rumbo de nuestros pasos, tampoco anuncia su llegada. Sonríe apaciblemente una mañana o nos saluda distraída mientras hojea una revista. A veces cruza la puerta del café y nota, antes que nosotros, que algo mágico acaba de ocurrir.
Mi historia es una de ésas, que empieza con el agua y termina con puertas que se abren. O termina con el agua y después empieza, por segunda vez, con alguien que pasa por delante mío y me mira. Yo soy el silencio de las campanas; no reconozco la magia cuando ocurre. Pero - y esto es lo maravilloso - nunca importa si yo lo advierto a tiempo, o quizás nunca: el universo giró, y mi mundo nunca vuelve a ser el mismo.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Prefiero
En vez de decir todo, preferiría
callar algunas cosas.
No decirte cuánto te extraño; no describir
la angustia de tu ausencia.
No enumerar ideas ni contarte planes.
Prefiero no decirte que te quiero.
Que leas el silencio.
En vez de darte todo, puedo verte
A una distancia que no le quite espacio
A la fantasía, al pudor, a la distancia.
Podemos no contarnos nuestro día.
Podemos asomarnos a los tiempos que vengan
Y a los que se fueron, sin asirlos.
Sin proyectos que nos unan, sin tareas.
Yo esperaría de vos también tu ausencia, también tus límites
Y tus incertidumbres.
Vos tendrías de mí todo el misterio;
El ilimitado espacio que me ocupa.
Preferiría no ser tan sincera.
Callarte algunas de mis alegrías,
Enmudecer sonriendo. Darte pistas,
Y que descubras sólo lo que quieras.
sábado, 24 de agosto de 2013
Memento mori
La espera eterna, la anticipación del momento en el que todo cobre sentido, es una fantasía que la ilusión prefiere.
Ambay dio la vuelta, cerró la puerta mirándome a los ojos, y enfiló hacia nunca supe dónde, sin voltear la cabeza una última vez para ver lo que dejaba tras de sí. De su mirada recuerdo la luz, el iris azulado y los ojos celestes, toda su dureza y su ternura y la sonrisa que dejaba traslucir, a pesar de que sus labios jamás la dibujaron del todo. Esa fiereza que la caracterizaba, menos amenazante que atemorizada, era lo que me mantenía cerca suyo.
Cuando la conocí era una sirena enajenada, cantándole a los cielos porque nadie más oía. Era solitaria pero sociable, y nunca declinaba una invitación cordial si había música y vino. No hablaba mucho, y cuando lo hacía dejaba en claro su reticencia a dar opiniones sobre lo que ignoraba, que era - esta frase late en mi recuerdo con la suavidad de su voz - "todo salvo escuchar".
No me gustan los relatos; los evito cuando puedo y no espero que nadie quiera escucharlos de mí. Ambay se fue y yo supe de inmediato que mis retratos serían, de ahí en más, figuras inmóviles en sepia, como caen de sepia las hojas en Abril.
En el final, en ese último momento, ningún viento dejó de soplar. El segundero del reloj siguió corriendo y la música del mundo no se detuvo.
Ambay dio la vuelta, cerró la puerta mirándome a los ojos, y enfiló hacia nunca supe dónde, sin voltear la cabeza una última vez para ver lo que dejaba tras de sí. De su mirada recuerdo la luz, el iris azulado y los ojos celestes, toda su dureza y su ternura y la sonrisa que dejaba traslucir, a pesar de que sus labios jamás la dibujaron del todo. Esa fiereza que la caracterizaba, menos amenazante que atemorizada, era lo que me mantenía cerca suyo.
Cuando la conocí era una sirena enajenada, cantándole a los cielos porque nadie más oía. Era solitaria pero sociable, y nunca declinaba una invitación cordial si había música y vino. No hablaba mucho, y cuando lo hacía dejaba en claro su reticencia a dar opiniones sobre lo que ignoraba, que era - esta frase late en mi recuerdo con la suavidad de su voz - "todo salvo escuchar".
No me gustan los relatos; los evito cuando puedo y no espero que nadie quiera escucharlos de mí. Ambay se fue y yo supe de inmediato que mis retratos serían, de ahí en más, figuras inmóviles en sepia, como caen de sepia las hojas en Abril.
En el final, en ese último momento, ningún viento dejó de soplar. El segundero del reloj siguió corriendo y la música del mundo no se detuvo.
jueves, 15 de agosto de 2013
Mimesis
Se quebró quizá un cristal,
desprendiendo finísimas motas de polvo
que
sin aviso,
tomaron mis pulmones.
Diminutas, tienen entidad propia.
Hablan.
Compulsivas,
imponen su palabra, les cedo la palabra
(y cuando no,
les cedo ese carraspeo sordo del que me puedo disculpar
con tanta impunidad
como inocencia.
Todos necesitamos
disculparnos
por el pequeño dictador que nos habita.).
La mimesis de mi voz y la de ellas es sorprendente.
Son ellas las que no saben hacerse
del todo inteligibles.
Soy yo, que debiera dar entidad lingüística
a sus reclamos.
desprendiendo finísimas motas de polvo
que
sin aviso,
tomaron mis pulmones.
Diminutas, tienen entidad propia.
Hablan.
Compulsivas,
imponen su palabra, les cedo la palabra
(y cuando no,
les cedo ese carraspeo sordo del que me puedo disculpar
con tanta impunidad
como inocencia.
Todos necesitamos
disculparnos
por el pequeño dictador que nos habita.).
La mimesis de mi voz y la de ellas es sorprendente.
Son ellas las que no saben hacerse
del todo inteligibles.
Soy yo, que debiera dar entidad lingüística
a sus reclamos.
miércoles, 14 de agosto de 2013
Mis secretos
El fuego es definitivo.
Todo lo que toco, cambia.
Tu lugar es otro.
No sé qué sol bajar; qué luna subir.
No sé cómo alcanzarte.
En mis manos tu piel es humo.
Todo lo que toco, cambia.
Tu lugar es otro.
No sé qué sol bajar; qué luna subir.
No sé cómo alcanzarte.
En mis manos tu piel es humo.
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