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jueves, 23 de octubre de 2014

All good things...

La vida tiene sus momentos tranquilos. Se alternan con los difíciles, pero cuando llegan son un descanso plácido y merecido.
En mi vida, los momentos tranquilos llegan con la primavera y con el sol. Con las flores, la lluvia en un día cálido - la lluvia que alivia la pesadez del aire y la del alma - y las mariposas en las barandas de los balcones. Llegan los primeros días de Octubre, que mi corazón espera ansioso, anticipando el festín de colores y luz, y veo como apenas un soplo de brisa descorre la pesadumbre del invierno como un velo delicado y caduco.
La vida alterna sus momentos; no hay tormentas eternas. Tarde o temprano el cielo se abre y caen, como rocío, las primeras gotas de luz.

jueves, 15 de agosto de 2013

Mimesis

Se quebró quizá un cristal,
desprendiendo finísimas motas de polvo
que
sin aviso,
tomaron mis pulmones.

Diminutas, tienen entidad propia.
Hablan.
Compulsivas,
imponen su palabra, les cedo la palabra
(y cuando no,
les cedo ese carraspeo sordo del que me puedo disculpar
con tanta impunidad
como inocencia.
Todos necesitamos
disculparnos
por el pequeño dictador que nos habita.).

La mimesis de mi voz y la de ellas es sorprendente.

Son ellas las que no saben hacerse
del todo inteligibles.
Soy yo, que debiera dar entidad lingüística
a sus reclamos.

miércoles, 24 de abril de 2013

Agua (segunda parte)

(antes...)

"Así se ve, el arroyo contemplando, 

que agua sin fin tras agua va rodando,
y que, siempre fluyendo en la corriente,
la una sigue a la otra eternamente.
Tal una por tal otra es impulsada,
y tal otra por otra adelantada.
El agua sigue al agua y es variable:
el río siempre el mismo e inmutable." (Apolo)

sábado, 30 de marzo de 2013

No soy mala...

... Soy mucha.

No es fácil ser mucha. No quepo en cualquier parte, me desbordo con facilidad. Incluso mi mesura es excesiva, pero ser excesivamente mesurado no es, como podría esperarse, una manifestación de mesura.

Hablo mucho, y demasiado rápido; respiro demasiado fuerte; la ropa me queda demasiado ajustada o demasiado holgada. Mi piel es demasiado blanca; ocupo demasiado espacio porque soy demasiado alta; mis movimientos son demasiado amplios - sospecho que soy también demasiado extrovertida -.

Nunca supe con respecto a qué era demasiado demasiada; cuál es el parámetro de las demasías. Por las dudas, me medía en cada gesto y cada palabra. Fui reduciendo mi volumen, mi estatura, mi blancura, mi respiración, mi velocidad, mis gestos... Pero, como puede esperarse de mi muchedad, mi mesura era excesiva.

Entonces fui demasiado poca durante demasiado tiempo. El resultado de mi denodado esmero fue la célebre frase "¡Tengo personalidad, pero no la uso!", que contesté a alguien a los ocho años de edad.

Me emociono demasiado, hago demasiados chistes, hablo demasiado. No es fácil.
Pero lo cierto es que me gusta ser mucha.
Me gusta mucho.
Demasiado.

viernes, 1 de marzo de 2013

Indecente y erótica

La palabra es virgen, siempre blanca y deshabitada.
Sinuosa y ambigua.
El aroma que desprende asciende zigzagueando,
transparente o ambarino, frío, punzante, casi imperceptible.

La palabra lanza su anzuelo y espera.

El aroma de una imagen, en cambio,
es cálido:
bajo su frazada se está siempre a resguardo del invierno. 

Las palabras rozan y queman;
las imágenes nos toman o nos ocupan.

jueves, 28 de febrero de 2013

Agua

El agua es tramposa.
Le gusta jugar con nuestra debilidad.

No podemos vivir sin ella.
No podemos vivir en ella.

"Lo blando vence lo duro", dirá Lao Tsè un día.

El agua se adapta mejor que
la imaginación.

sábado, 9 de febrero de 2013

Primera contradicción

Mi nombre no tiene nada que ver conmigo. No es quien soy. Me fue dado antes de que yo naciera; mucho antes de que nadie pudiera observarme, conocerme o decidirme. Bueno, decidirme pudieron. El nombre que me decidieron habla de triunfo y de fuerza, de ambición y de mérito.

Demérito. Yo no soy ésa.; soy Circe Lejana.

Soy Circe Lejana porque conozco mi violencia. Se desliza como humo entre las grietas de mi pensamiento. Resiento los cuchillos pero puedo matar de un tiro, me gustan la distancia y la sutileza.

Como todos los nombres, el mío me sostiene. Quizá más que todos los nombres; yo misma me adueñé de él. Me sostiene desde la yema de sus dedos blandos y blancos. Todo lo que sostiene, también vigila y acecha.

Me llamo Circe porque mi naturaleza es inconfundible. Lejana, porque me reclama.